Estos últimos días posiblemente seamos muchos los que nos hemos preguntado cuál o cuáles han sido las causas de las protestas estudiantiles en Valencia. Según leo en la prensa, parece ser que todo se inicia cuando en un centro público de enseñanza los estudiantes comienzan a llevar mantas a clase ante la falta de calefacción motivada por recortes presupuestarios. Una nimiedad lo de las mantas, un hecho sin aparente trascendencia. Los acontecimientos evolucionan con 10 minutos de cortes en unas calles de la ciudad y a partir de ahí: arresto, incomunicación de un chaval de 17 años… Golpes y presunto comportamiento excesivo de la policía.
Decía que el origen de los hechos -llevar unas mantas a clase- pudiera parecer una nimiedad. Pero he de corregirme, de nimiedad nada de nada. Como un viejo amigo dice a menudo, el inicio del desborde de cualquier gran embalse comienza con una sola gota de agua. O como habitualmente decimos: “la gota que colma el vaso”.
Las finanzas de las diferentes Administraciones públicas están atravesando una coyuntura crítica, que bajo la gestión del Partido Popular se está manifestando en recortes absurdos e improcedentes como lo es dejar sin calefacción a un centro público de enseñanza. Ha ocurrido en la Comunidad Valenciana, la Comunidad de los aeropuertos “estatuados” y no “avionados”.
Recortes en servicios públicos básicos como la enseñanza, la sanidad pública, los servicios sociales, unos niveles de paro gravísimos, la explosión de la burbuja inmobiliaria… Dibujan y conforman un panorama social complicado y complejo. Una realidad social extremadamente difícil, como no la ha vivido este país en las últimas décadas.
Es necesario, en esa situación, pedir a los gobernantes del Partido Popular que no entren en la dinámica de la intensidad en la acción policial como respuesta. El conflicto social, aún incipiente, no puede ser soslayado mediante la porra policial. Es el peor de los caminos posibles. Si unos chavales piden calefacción para su colegio, o incluso cortan una calle unos minutos, hay miles de formas mejores que la “aplicada” en Valencia. Incluso, ¿al PP no se le ha ocurrido?, un responsable del Gobierno autonómico valenciano se puede reunir con los estudiantes y acordar la mejor forma de solventar sus lógicas demandas.
No es tiempo de porras. Es tiempo de la actitud de centenares de jóvenes: manos abiertas, libros y apuntes en brazos levantados… Incluso algún medio de comunicación relacionaba los autores de los libros que los jóvenes valencianos mostraron a la policía. Entre ellos, estaba Nietzsche, como ex-docente de filosofía me atrevería a proponerles un cambio: Wittgenstein en lugar de Nietzsche. E intentar, así, que los mandos policiales pudieran percatarse de que “los objetos contienen la posibilidad de todas las situaciones”. Ya sé que se puede considerar una respuesta agresiva. Pero nunca un estudiante, ni siquiera con un libro de Wittgenstein en la mano, es un enemigo. Nunca lo podrá ser. Si hay un mando policial que así los considera, tenemos un problema.
Un problema y un riesgo: entrar en una espiral que no podemos atisbar como puede acabar.
